Teatro Caracas, pionero en la ciudad
Fuente Base: CIUDADCCS
22/10/2014 03:10


Culturales

“Por fin Caracas, la capital de Venezuela, tiene un teatro”, asentaba el El Diario de Avisos en su edición del 25 de octubre de 1854, para reseñar “…la inauguración de un coliseo, su iluminación artificial, el estreno de una compañía de cantantes traída con grandes gastos de París, la repentina formación de sus indispensables auxiliares, los coros y la orquesta, y un aparato escénico de decoraciones y comparsas…”.



Se refería al Teatro Caracas, inaugurado el domingo 22 de octubre de ese mismo año, ubicado en la calle La Margarita, entre las esquinas de Veroes a Ibarras, con 83 pies ingleses de frente (25,29 metros) y 116 de fondo (35,35 metros), cuyo primer presupuesto estuvo establecido en 25 mil pesos, pero que concluyó al final con más de 30 en inversión.
El redactor del impreso estaba maravillado: “Años y más años… hasta ahora, ocho años, bautizábamos con el nombre de teatro un salón de grosera construcción, situado en la calle del sol, entre las esquinas de Chorro y Coliseo… bien se ve que Caracas tiene un teatro decente, no como el que exige su población y su riqueza, pero infinitamente superior al que corresponde a una capital de 50 mil almas, que no tiene ni cementerio, ni un mercado ni calles regularmente empedradas, ni un buen sistema de acueductos, ni alumbrados, ni alamedas, ni nada debidamente organizado”, aseguraba en aquel entonces Mariano de Briceño, descendiente de Luisa Cáceres de Arismendi y propietario de  El Diario de Avisos.

LA LUZ POR GAS

El Teatro Caracas fue el primer edificio en Venezuela que contó con luz producida por gas. Mientras en el Teatro Apolo, ubicado en uno de los salones del convento de San Francisco se alumbraban con velas de sebo, con los inconvenientes del calor y de los olores emanados de estos cirios, el nuevo local se colocaba a la altura de ciudades como Nueva York, donde los grandes salones eran iluminados con gas producido por la quema de carbón.
La prensa de la época reseñó con profusión esta novedad en la Caracas gobernada por los hermanos Monagas. Tenía un gasómetro de 13 pies ingleses (3,96 metros) de diámetro y 9,5 pies de altura (2,89 metros) con una capacidad de 1.261 pies cúbicos (384,35 metros cúbicos), cuyo costo aproximado fue de 4 mil pesos, contando con una oficina de mampostería y conductos de cobre. El uso del gas, según lo asentado por el redactor, reducía los costos en un 800 por ciento al acostumbrado uso de las velas.
Como precaución ante la posibilidad de un incendio, el teatro contaba con una fuente central o estanque con agua y bombas suficientes para atacar algún fuego que llegara a presentarse.

LA CONSTRUCCIÓN

El proyecto para la construcción del coso artístico se gestó durante un largo tiempo, hasta que, a mediados de 1853, las empresas Pardo y Compañía, Kennedy y Hans, Fortunato Corvaia y Martín Tovar Galindo, decidieron juntar un capital de 25 mil pesos para acometer la obra.
Se contrató a la empresa N. P. B Ulstrup, para las labores de carpintería y a Hugh Wilson para los trabajos de arquitectura e ingeniería. Finalmente la obra sobrepasó los 30 mil pesos, quizás por la incorporación del sistema de alumbrado y la colocación de otros elementos no contemplados en el presupuesto preliminar.
Los propietarios se reservaron los mejores puestos, según se estableció en unas normas de uso aprobadas antes de su inauguración. Estos tenían la prioridad en la escogencias de los palcos y los asientos, lo cual debían realizar antes de la puesta en venta de los boletos.

ABRE SUS PUERTAS EL 22 DE OCTUBRE

Desde los primeros días de octubre de aquel 1854 se apreciaba en los diarios la publicidad desplegada para la inauguración del Teatro Caracas. Aparecían avisos de la administración para información de diversa índole, como la venta de boletos, se ofrecían libretos de óperas traducidas al castellano a cinco reales y se ofrecían polvos de olor con el fin de que se usasen el día de la inauguración.
Mariano Briceño, como testigo presencial y redactor de El Diario de Avisos, narra que por primera vez se ve un conglomerado de ciudadanos asistentes a una función masiva, donde no cunde el desorden, aunque en algún momento de su reseña menciona la actuación de la policía en la entrada.
Se ofrecía por primera vez una obra de Giuseppe Verdi, Ernani; la cual estaría representada por una agrupación francesa. Un señor de apellido Soler, cuyo nombre no se menciona en ninguna de las notas periodísticas, era el tenor y voz principal; la señorita Cecilia Saemann, de origen alemán, fue la soprano; Francisco Dragone fue el barítono, mientras que el bajo estuvo a cargo de un hombre de apellido Caspiani.
Los coros de jóvenes fueron formados por caraqueños, así como los músicos que acompañaron a aquellos cantantes líricos, cuya fama, al parecer, no tenía gran trascendencia en la ópera europea.
El acto comenzó a las siete de la noche con las ganas que tenían los asistentes de ver por primera vez la luz artificial. Según lo narrado por los periodistas, la luz no llenó las expectativas, porque era pobre y mantenía una penumbra suave en toda la sala. El tenor se recuperaba de una afección en la garganta, por lo que sus inicios en el drama no fueron del todo satisfactorios, según la crítica.
La soprano Saemann despertó el interés por el timbre de su voz  y por las tonalidades que aplicaba a sus parlamentos. Asimismo destacaron las actuaciones del barítono y del bajo, dejando en claro que a los coros les faltó fuerza a la hora de interpretar sus piezas.
El jueves siguiente, 26, se repitió la obra de Verdi y desde allí se presentaron problemas con la presencia de boletos falsificados. Surgió un periódico para venderse en los días de presentaciones y la ópera pasó a tomar un papel preponderante en la ciudadanía.


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