La París que nunca será transmitida
Fuente Base: yvke mundial
04/02/2015 02:02


Culturales

LA PRESENTACIÓN DE LA ORQUESTA SINFÓNICA SIMÓN BOLÍVAR EN LA CIUDAD DEL AMOR, EN EL CIERRE DE LA GIRA EUROPEA, NOS LLEVÓ A FRANCIA. AHÍ, ENTRE ACORDES CLÁSICOS, UN FRÍO DEL CARAJO Y LOS CHOROS PARISINOS, DESCUBRIMOS QUE HAY QUE ANDAR MOSCA PUES HAY HAMPA RASPACUPOS


París, la capital del amor, la Ciudad de la Luz. Ver un rato cómo sus mujeres se visten, a pesar del frío despiadado que nos recibió, comprueba cuánto ha calado la diversidad en la gente, manifestada en sus atuendos diarios. A pesar de que predomina el negro en las chaquetas anticongelamiento, pudimos ver a las féminas desafiar el clima con abrigos de distintas texturas de telas y botas de todo tipo. Es una pasarela urbana que contrasta con la “desnudez” (vista en comparación, por supuesto) de cualquier “pasarela” caraqueña. Con tal de verse distintas, llamar la atención, brillar entre decenas de seres casi uniformados de pies a cabeza de negro, consumen todo tipo de ofertas textiles. Miles de hombres y mujeres caminan concentrados en tomar el subterráneo, concentrados en su camino, en su circunstancia. Los parisinos no se ven entre ellos, la prisa (¿el miedo?) y el afán por llegar a algún lugar le ganan a la calidez propia de los seres humanos.
París también es la capital del turismo. La arquitectura de sus edificaciones nos lleva a los cuentos que leímos en la infancia —sin “Panchito Mandefuá” en el horizonte—, pero también nos lleva a la modernidad, a las últimas tendencias, más rompedoras y cónsonas con nuestra época. En sus calles, además, vimos la más variada mezcla de nacionalidades, de razas. Gentes de todos los “colores”. También es una urbe gastronómica, como corresponde a una ciudad turística. En una sola cuadra puede encontrarse comida italiana, china, alemana, la basura gringa y las exquisiteces francesas, por supuesto. Los restaurantes son muy pequeños, la máxima utilización del espacio en cada rincón para comer. Mesas servidas perfectamente, con mucho colorido, con mucho cuidado, con mucho respeto por los clientes. La competencia obliga. Una cultura turística entrenada, aceitada. Una ciudad turística ordenada, con un Metro entrelazado por once líneas, con estaciones muy cercanas. París es la ciudad de la música, es la ciudad perfecta para el amor. Pero también es la ciudad de los choros. Más adelante se enterarán por qué. Adentrémonos en París, en su gente y en la música.


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