Fidel descansa junto a próceres de Cuba
Fuente Base: ciudad caracas
05/12/2016 10:12


Internacionales

El Comandante Guerrillero fue inhumado en el Cementerio donde reposan los restos de José Martí y otros héroes de la isla


A las 6:50 de la mañana de ayer entraron por el portón del Cementerio de Santa Ifigenia, en la ciudad de Santiago de Cuba, las cenizas de Fidel Castro.

Hacía una mañana espléndida de domingo, inusitadamente fresca en esa urbe, como si se hubieran confabulado los vientos para recibir al Comandante en Jefe.

Cuando frente al edificio administrativo de Santa Ifigenia se detuvo el armón militar que peregrinó con la urna de cedro cubierta con la Bandera Nacional y rodeada de flores por casi toda la Isla, ya están alineados los miembros del Buró Político, con el General de Ejército Raúl Castro Ruz a la cabeza, en la explanada contigua frente al austero monumento donde ya reposan las cenizas.

El mausoleo es una piedra pulida, igual que las que abundan en los márgenes del río Cauto, solo que esta es de granito, pesa más de 2 mil 400 kilogramos por centímetro cuadrado y proviene del yacimiento de Las Guásimas, al este de Santiago.

En el corazón de la roca hay un tajo cuadrado donde va la urna, protegida por una placa que lleva grabada una sola palabra: Fidel.

Hay otros detalles que conmueven de este lugar, delimitado por helechos, palmas y las califas moradas de la Sierra Maestra, que también acompañan el Mausoleo de los Combatientes del Segundo Frente, donde yace Vilma Espín. A la derecha, una pared de hormigón donde se puede leer, en letras doradas, el concepto de Revolución que expresó Fidel el 1 de mayo de 2000 y que los cubanos han refrendado en estos días de luto.

Fidel no está solo en Santa Ifigenia. Lo acompañan cubanos que él adoró en vida, comenzando por José Martí, los mártires del ataque al Cuartel Moncada y los caídos en misiones internacionalistas.

En el horizonte, las montañas de la Sierra Maestra. A unos pasos de su tumba, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales, 32 generales de las guerras de Independencia contra el colonialismo español, los hermanos Frank y Josué País.

Cuando la banda de música interpreta las notas de la cantata Eterno Fidel, la pequeña urna que guardaba la caja de cedro llega hasta las manos de Dalia Soto del Valle, su esposa, que es la estampa de la dignidad y el dolor. Detrás de ella está la familia y justo frente, al otro lado del Mausoleo, más de 40 invitados internacionales, amigos del Comandante y personalidades que asistieron ayer al acto en la Plaza Antonio Maceo.

Cuando el arca con las cenizas llega hasta Raúl, sus manos no tiemblan. La coloca contra su pecho, la alza hasta el orificio en el interior de esta gran piedra y se le escapa un largo suspiro.

Este momento de la ceremonia no dura más de tres minutos, pero pesan como horas sobre los hombros de todos los presentes.

Corren lágrimas en los rostros de los curtidos guerrilleros, de las mujeres y hombres presentes. Pero no hay lamentos, ni gritos, ni gestos que distraigan la solemnidad.

A lo lejos solo se escucha la marcha que viene desde la Plaza Antonio Maceo: “Yo soy Fidel”, “Yo soy Fidel”, y ese es el único sonido que se alternará, como un eco allá a lo lejos, durante toda la ceremonia con el Himno Nacional, la marcha luctuosa, los pasos firmes de los soldados de la Unidad de Ceremonia de las Fuerzas Armadas y las salvas de la artillería.

Después de colocar la tapa en el nicho, todo ocurre mucho más rápido. Toque de atención. Himno Nacional. 21 salvas de artillería. Una grabación con la voz de Fidel que nos devuelve el concepto de Revolución.

Relevo de la guardia de honor, tanto la formada previamente ante el Mausoleo de Martí, como la que escolta el lugar de reposo de Fidel. Los presentes, incluidos las escoltas y los compañeros que cuidaron del líder de la Revolución en sus últimos años, depositan rosas blancas en la base del panteón.

La fila comienza con Raúl y termina con el argentino Diego Armando Maradona, y entre uno y otro los presidentes Nicolás Maduro; Daniel Ortega, Nicaragua; Evo Morales, Bolivia; Denis Sassou-Nguesso, Congo; Malatu Teshome, Etiopía; Alfred Marie-Jeanne, Martinica y los exmandatarios de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

Como se había anunciado previamente, ha sido una ceremonia solemne y privada. Y aunque no se dijo en la nota que anunció la despedida en Santa Ifigenia, no sorprende que también sea profundamente conmovedora, escoltada por sus seres y muertos queridos, sin más lujo que el que poseen las piedras y los helechos de las montañas.

A las 7:40 de la mañana salieron los últimos dolientes del cementerio de Santiago de Cuba. Fidel descansa en paz. Hasta siempre, Comandante.


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