Nutrición en Venezuela en tiempos de desabastecimiento y escasez
Fuente Base: aporrea
04/09/2017 07:09


Nacionales

¿Consigue con facilidad los alimentos para usted y su familia? ¿Le alcanza su ingreso para el mercado de la semana o de la quincena? ¿Han cambiado sus hábitos alimentarios en los últimos tiempos? ¿Se ha visto en la necesidad de suplantar unos alimentos por otros, a causa de la escasez? ¿Considera que hay hambre en Venezuela en la actualidad? ¿Cree que la situación mejorará en el futuro inmediato?


El Centro de Estudios de la Realidad Latinoamericana (CER-Latinoamericana) realizó un grupo focal con la participación de 7 (siete) personas. La conformación fue de cuatro mujeres y tres hombres, en edades comprendidas entre 21 y 70 años de edad. El ingreso promedio del grupo va desde una pensión a cuatro salarios mínimos.

Carencia de alimentos, cambio de hábitos y el calvario que significa alimentar a la familia

Para los participantes, entre las causas del desabastecimiento y la escasez de alimentos se pueden enumerar: la crisis económica, la incontrolable inflación, la subida del dólar, la falta de producción, la corrupción, la falta de importación de alimentos, pero sobre todo hacen hincapié en la falta de políticas efectivas que apunten a resolver la calamitosa situación por que padecen.

"Hemos cambiado nuestros hábitos alimenticios: no consumimos productos de charcutería, los más privilegiados comemos queso duro y mortadela y con una frecuencia muy baja. Las arepas en las casas hoy son más pequeñas. En otros lugares comen dos veces al día. No comemos en la misma cantidad ni con la misma calidad", manifestó Mariela Montalvo, secretaria de 54 años.

"No se comen frutas, los vegetales los comemos para rendir la poca comida que tenemos, hacemos sopas con huesos y carapachos de pollo. La carne la vemos en el plato una vez a la cuaresma. Comemos granos para alimentarnos. Intentamos comer lo mejor que podemos, pero atrás quedaron los almuerzos tradicionales, como por ejemplo; sopa, arroz, carne, ensalada, plátanos y un buen jugo de frutas", opinó Carmen González, pensionada de 70 años de edad

Fue una constante escuchar dentro del grupo focal el rechazo a la propaganda gubernamental dirigida a convencer a la población que en Venezuela no hay hambre. Se refieren a la notable pérdida de peso que ha sufrido la población, además del cambio en los hábitos alimenticios que en muchos casos no cubre los grupos de alimentos que deben estar presentes en cada comida. "Es indignante escuchar a los altos funcionarios del gobierno negar la situación alimentaria en Venezuela. La población, al cambiar su forma de comer ya es una previa al hambre. ¿No se puede considerar hambre cuando se tienen que hacer largas colas para comprar un poco de pan? ¿Cómo se le llama a las personas que están recogiendo comida de la basura? ¿Cómo se puede considerar que muchas familias coman una o dos veces al día solamente? ¿Por qué la gente se deja chantajear por la bolsa del CLAP? ¡Pues, porque hay hambre en Venezuela! ¿Cómo se llama a esta angustia permanente de vivir con la incertidumbre si tus hijos podrán comer?" así se preguntaba Jhon Camargo, trabajador de la administración pública de 41 años de edad.

El otro tema toca incluso la subjetividad y la lógica gastronómica del venezolano común: "Una arepa es una arepa, así sea con mantequilla sola. Cuando les doy pan a mi familia en la cena o en el desayuno todos quedan con hambre" Esta afirmación la hace no solo Xiomara Castellanos, comerciante de 35 años quien participó en el grupo focal, sino que se escucha en los comentarios en los mercados, plazas y bodegas. "Uno trata de suplantar los carbohidratos como la harina de maíz y la de trigo por papas o yuca, pero hay varias desventajas: la primera es que salen muy costosa en comparación a lo que se puede resolver con ellas, no es lo mismo 1 kg de harina de maíz que te alcanza para tres comidas que 1 kg de yuca que no alcanza para una comida. Para un almuerzo en mi casa tengo que comprar 3 Kg de yuca y al final me sale más caro. Lo otro es que uno no está acostumbrado a comer yuca como plato fuerte y entonces queda con hambre".

El hambre no va a la escuela

Uno de los participantes expuso que en su casa son siete personas, por lo tanto han optado por comer solo dos veces al día. Mario Bastidas, de 38 años y padre de dos niños en edad escolar comenta: "el problema se presenta con los niños que deben ir a la escuela, porque deben llevar desayuno todos los días, por eso en mi casa decidimos cambiar a los muchachos para el turno de la tarde; ya que en mi casa hacemos un desayuno tipo almuerzo a las 11:00 a.m. y cenamos a las 7:00 u 8:00 pm. Los cambiamos de turno, porque el año pasado eran más los días que no podían ir a la escuela por falta de desayuno que los días que asistían. Ahora pienso que los podremos mandar de manera más regular"

Otro comentario al respecto lo hace Jesús Manuel Carrero quien expone: "mi hijo estudia en una Escuela Bolivariana (de horario integral) su horario de salida es a las 3:30 pm, pero cuando no tienen comida, que es con bastante frecuencia, sale a las 11:45 a,m, Eso pasa tres veces a la semana y en ocasiones, la semana completa. Lo qu.e quiere decir que cuando uno no tiene que darle de desayuno, no lo manda, y lo del horario completo queda como un chiste porque son más las veces que no hay comida en la escuela que las que hay. Así pasó el año escolar y entonces el niño no aprende nada"

La crisis en Venezuela no solo toca el tema de los alimentos, sino el del abandono escolar. El problema es complejo porque los adolescentes que están en los liceos, al no tener garantizado el desayuno y/o el almuerzo en la institución, simplemente no van. Así se van acumulando una serie de inasistencias, mientras que las políticas educativas y de evaluación mantienen una orientación de tiempos "normales" lo que quiere decir que el muchacho no solo pierde las clases, sino que pierde las evaluaciones y así va haciendo el camino hacia el abandono del sistema escolar formal.

La sociedad del "rebusque"

El salario mínimo del venezolanos es Bs. 97.531,56 y con lo que llaman los trabajadores Cestaticket que es un bono de alimentación a razón de Bs. 153.000,00 se llega a un ingreso mensual de Bs. 250.531,56. La pensión es de 97.531,56 sumado a un "bono" de Bs. 29.259,47. Lo que suma un ingreso mensual del pensionado de Bs. 126.791,03.

La canasta básica llegó según cifras del CENDAS a más de dos millones de bolívares. Se requieren por lo menos 8 salarios mínimos para cubrir la canasta alimentaria familiar. Es por ello que la mayoría de los trabajadores buscan una actividad extra para "redondear" el salario para poder comer.

Es así como tenemos una población neurotizada que busca dinero de manera compulsiva para poder "llevar el pan a la mesa". La percepción que tienen los venezolanos que viven únicamente de su trabajo es que la vida se reduce a trabajar, salir del trabajo para seguir trabajando y en los pocos tiempos libres salir a comprar comida buscando los precios más bajos y las alternativas viables para llevarles el alimento a los hijos.

"Ninguna de las medidas que ha anunciado el gobierno para solucionar los problemas han dado resultados. Cuando Maduro llegó al poder el dólar estaba a Bsf 16, ahora está en más de Bsf 17.000. El Gobierno lo que ha hecho es negocios particulares con el dinero de los venezolanos. La gente de la oposición no ofrece alternativa sino que se pelean por ocupar la silla de Miraflores. La política es una porquería. A nosotros nos toca es trabajar para medio comer y rogándole a Dios que no nos enfermemos ni nosotros ni nuestros hijos". Así lo expresó vehemente una de las participantes del debate.

El CLAP, arma de doble filo

El gobierno ideó como una de las formas de salida a la crisis la distribución de alimentos de manera controlada a través de lo que se llamó los CLAP. Estas bolsas y/o cajas con alimentos subsidiados les llegan solo a un sector de la población. Sin embargo, les llega a los que viven en sectores populares. "Me he sentido como una mendiga" expresa una de las participantes cuando habla de las bolsas del CLAP. "Yo no quiero una bolsa que me resuelve algo de la comida para una semana. Yo lo que quiero es poder comprar cuando yo quiera y como yo pueda cuando me dé la gana o simplemente, cuando lo necesite. No sentirme humillada cada vez que hay que comprar el bendito CLAP, el maltrato es mucho, Estamos en la cultura del maltrato y del manejo de espacios de micropoder y el CLAP es uno de ellos".

Los CLAP, según cifras oficiales les llegan a 6 millones de familias. Sin embargo a los que están catalogados como clase media no tienen acceso a esta nueva forma de distribución controlada por el gobierno.

La desesperanza y la meta de irse del país

"En lo único que pienso es la manera de irme de este país. En ocasiones uno siente que es terrible ser venezolano, cuando ve que hablan mal de nosotros en otros lugares del mundo, pero sin embargo me quiero ir, Aquí no puedo comer bien y si no puedo comer bien, mucho menos voy a tener un futuro", así lo expresa Orianna Calzadilla, estudiante universitaria de 21 años de edad.

La situación de precariedad ha llevado a miles de venezolanos a cruzar la frontera y dejar atrás los estudios, abrirse camino en otros horizontes o simplemente irse con el título debajo del brazo a trabajar "de lo que sea" en otras fronteras en la que sienten que echándole piernas" pueden lograr vivir de manera independiente y tener lo necesario.

"Por lo menos uno trabajando en otro país come, aquí ni trabajando se puede comer, En la casa de mi mamá es un problema si uno se atreve a comer algo porque simplemente la comida de la semana está contada. Si a uno le provoca comerse un dulce, tener un antojo comer algo sabroso simplemente está negado"


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